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Por: Leopoldo Tlaxalo Jaramillo

Estamos a cinco meses y medio de que concluya el 2017 y el Partido Revolucionario Institucional todavía no tiene definido quien será el candidato a la presidencia de la República. Aunque se barajan muchos nombres, al igual que en el Partido Acción Nacional, todavía no sale humo rojo del Comité Ejecutivo Nacional del PRI. Es la decisión más difícil que van a tomar en los últimos años porque hay riesgo de perder la elección debido al mal trabajo que Peña Nieto ha desempeñado en casi cinco años en los que su popularidad y aceptación entre los mexicanos ha disminuido a porcentajes nunca antes vistos en un presidente del PRI.

Las mentes perversas y maquiavelicas pero a la vez inteligentes que manejan los hilos del PRI están analizando concienzudamente cambiar las reglas internas del partido para darle oportunidad tal vez a un personaje externo de que sea el candidato del PRI a la presidencia de la República pues ninguno de los dos gallos de Peña Nieto: Miguel Ángel Osorio Chong y José Antonio Meade Kuribeña, quienes se desempeñan como Secretario de Gobierno y Secretario de Hacienda respectivamente garantizan el triunfo del tricolor en las próximas elecciones.

Según Mitofsky, las recientes encuestas no favorecen al Partido Revolucionario Institucional. Los resultados se dieron a conocer el pasado 11 de julio y son desalentadores para el PRI, pues el Partido Acción Nacional (PAN) logra el 18.6 por ciento de las intenciones de voto, seguido de cerca por el Movimiento Regeneración Nacional (Morena), con el 17.7 por ciento, mientras que el Revolucionario Institucional tiene el 16.6 por ciento. Muy empatados el PAN y MORENA y eso que éste último tiene menos de cinco años que se creó como partido político y tiene a todo el sistema político prácticamente en su contra por el miedo que genera que Andrés Manuel López Obrador llegue al poder. 

En contraste con el efecto López Obrador que cada día gana más simpatizantes,  la popularidad del presidente Peña Nieto registró una nueva caída en junio pasado: sólo el 19 por ciento de los mexicanos aprueba su gestión, de acuerdo con GEA-ISA; el 36 por ciento se siente enojado y el 31 por ciento preocupado por las consecuencias de la administración del priista, manteniéndose así como el presidente peor calificado en la historia del país. El sondeo de GEA-ISA también revela que el 53 por ciento de los ciudadanos prevé que habrá fraude electoral en los comicios de 2018.

Son muchos factores los que han dañado la imagen y credibilidad del PRI como: las reformas estructurales que han perjudicado el bienestar y la economía de los mexicanos, los escándalos de corrupción, la violencia generada por la delincuencia organizada, lo cual ha provocado la muerte de miles de inocentes,  el hecho de que no se les hizo justicia a los 43 jóvenes de Ayotzinapa y cada día, en todo el país, se incrementa el número de desaparecidos los cuales desafortunadamente, en muchas ocasiones, nunca regresan a sus hogares. Aparte de estos factores también destaca el nulo crecimiento económico, el desempleo, entre otros muchos que han orillado a cientos de mexicanos a irse a otro país en busca de mejores horizontes y oportunidades de trabajo mejor pagadas y con prestaciones de ley.

Todos estos factores que tiene en contra el PRI para ganar la presidencia de la República en 2018 generan que miembros del tricolor consideren la posibilidad de poner como candidato a un individuo que no milite en ningún partido político, que sea conocido en el ámbito profesional donde se desempeña, miembro de la sociedad civil, con prestigio profesional, líder en su ramo, con honradez comprobable, que no tenga cola que le pisen y sobre todo con solvencia económica, que de preferencia haya nacido en cuna de oro. Sólo así el PRI podría tener la esperanza de mantenerse en el poder, aunque tampoco se garantiza la victoria dadas las condiciones adversas.

Hay posibilidades de que Peña Nieto se incline por su Secretario de Hacienda, José Antonio Meade Kuribeña, pues tampoco se trata de dejarle la presidencia a una persona que pueda meterlo en aprietos por todas las irregularidades que Peña cometió en su sexenio. En cambio, si deja a alguien de su equipo de trabajo, de su misma calaña, éste puede servirle de tapadera de sus desvíos de recursos e investigaciones por su mal desempeño como presidente. Meade tiene la ventaja de que no está afiliado a ningún partido político, pero la desventaja de que está plenamente identificado con el presidente y los electores rechazarían como candidato a todo lo que huela a EPN pues la continuidad de otro sexenio marcado por la corrupción, represión, pobreza y desigualdad es algo que ningún mexicano quiere para su futuro, sería darle continuidad al modelo neoliberal, Meade ya ha trabajado de cerca con los presidentes en dos sexenios pues en el curriculum de Meade también destaca haber sido Secretario de Finanzas y de Energía durante el sexenio del panista Felipe Calderón Hinojosa.

En junio, López Obrador, quien está muy bien informado de los planes maquiavélicos de los priistas, dijo que el Secretario de Hacienda sería el candidato presidencial del PRI para las elecciones de 2018. Sobre sus aspiraciones políticas, Meade dijo en entrevista con la periodista Adela Micha que sus aspiraciones futuras tendrán que esperar, obviamente porque tiene que esperar a que llegue el 2018 para destaparse oficialmente como candidato.