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Por: Leopoldo Tlaxalo Jaramillo

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Por protocolo las esposas de los alcaldes, gobernadores y presidentes de la República deben acompañar a sus esposos a los actos masivos como la celebración del Grito de la Independencia de México, donde el funcionario celebra la Independencia de su país, Estado o municipio en una ceremonia en la que ellos están en el balcón del Palacio Municipal, Palacio de Gobierno o Los Pinos, según sea el caso. Mucho se ha rumorado que el matrimonio entre el presidente de la República Enrique Peña Nieto y su esposa, Angélica Rivera es una farsa y que ella firmó un contrato para representar el papel de primera dama durante seis años, por lo que Rivera ha cumplido al pie de la letra su papel de primera dama pues acompaña a EPN a actos oficiales como el Grito de la Independencia y visitas a otros países. Esta ocasión no fue la excepción y se pudo apreciar dando el grito al presidente y su esposa, lo mismo ocurrió en muchos Estados de la República y en los municipios.

Pero llamó la atención que en el Estado de Veracruz, Leticia Márquez de Yunes, esposa del gobernador Miguel Ángel Yunes Linares, no lo acompañó a la ceremonia del Grito de la Independencia que se realizó en Xalapa, Veracruz, pues la señora se quedó en Boca del Río, donde acompañó a su hijo Miguel Ángel a dar el Grito. El distanciamiento que hay entre el gobernador y su esposa inmediatamente comenzó a circular a través de las redes sociales una serie de especulaciones en torno a que si su matrimonio es similar al de muchos políticos que en apariencia son felices pero en la vida real solo están unidos por conveniencia política. Pero lo que sucedió fue parte de una estrategia perversa de parte del equipo de asesores del gobernador, quienes quieren distraer la atención del electorado en temas sin relevancia como éste con el objetivo de que con el paso del tiempo se vaya olvidando el escándalo mediático del caso Yunete. Lamentablemente para los veracruzanos, este escándalo mediático se va diluyendo pues todos los días surgen noticias nuevas que hacen que los ciudadanos olviden las noticias atrasadas que vale la pena recordar.

Desde el inicio de la administración yunista, los analistas políticos y columnistas se dieron cuenta de que, a diferencia de su esposo, a Leticia Márquez de Yunes no le gusta figurar en la vida política, no es protagónica ni le gustan los reflectores, ella misma lo reconoce a las personas a las que le tiene confianza. Es una primera dama muy diferente a Karime Macías, afortunadamente, pues doña Lety no interviene en las decisiones del gobierno estatal. Cuando asiste a un evento público o privado le gusta pasar desapercibida, sin que noten su presencia o le den un trato preferencial por ser la esposa del gobernador. Eso habla de su sencillez.

La vida privada de los políticos se debe mantener entre cuatro paredes, pues lo que se le critica a los políticos es su actuar en la vida pública. A nadie debería interesarle lo que suceda entre doña Lety y don Miguel, pero como son figuras públicas, los ojos de los ciudadanos están puestos en ellos. Por protocolo, las esposas del presidente, gobernador y alcaldes deben acompañar a sus maridos a los eventos oficiales, pero siempre hay una excepción que rompe la regla. El que si acompañó al gobernador a dar el Grito fue su nieto, dicha imagen provocó mucha ternura entre la ciudadanía y lo ayudó en esta crisis que enfrenta por el caso Yunete.