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Por: Pedro Peña Molina

Un asunto interesante y poco visto que podemos extraer sobre la tan comentada detención del ex gobernador, Javier Duarte, es lo profunda división de opiniones que existen en nuestra sociedad. Cuando menos en política, las verdades absolutas se acabaron y nadie puede ostentarse como su propietario. Hasta los que creen verse universalmente favorecidos por el hecho están encontrando detractores. Se identifican claramente tres grupos con ideas totalmente divergentes, incluso en aspectos que esencialmente nadie cuestionaría, como aprehender a un sujeto que desfalcó al Estado de Veracruz.

En efecto, no hay quien se atreva a decir que se trata de un suceso injusto o innecesario, por el contrario, era una exigencia generalizada. Sin embargo, en los matices están las diferencias. Me refiero en específico a algo que parecería una trivialidad, pero que nos muestra un panorama de cómo se encuentra segmentada la opinión pública. En concreto, existe un grupo importante, numeroso que otorga el reconocimiento de la detención al Gobernador del Estado, Miguel Ángel Yunes Linares, quien también en una rueda de presa que ofreció, básicamente dijo que si, que la detención se le debía a él y sólo a él. En efecto, se le debe reconocer que durante años, tuvo el valor de denunciar públicamente los malos manejos en las administraciones fidelista y duartista. Sin duda, ese es su mérito. Lejos de la realidad, afirmaciones como las de un personaje que se atrevió a publicar en redes sociales, cito, “Este es el rostro detrás de la pluma que redactó punto por punto las denuncias que llevaron a la cárcel a Javier Duarte.” en alusión al Fiscal del Estado, hecho que no corresponde con la verdad. Se trató de un procedimiento preparado desde la Procuraduría General de la República a razón de las denuncias de la Auditoria Superior de la Federación y la Secretaria de Hacienda por los delitos de “operaciones con recursos de procedencia ilícita y delincuencia organizada”, ambos de índole federal. Y éste, es el argumento del otro grupo, los priistas. Estos, tienen aún muchos seguidores que les respaldan y reclaman para sí la gloria. Igualmente, excediendo el halago y ocultando la memoria, buscan encontrar la reivindicación social en el hecho. Lo malo es que al Presidente y su partido, ya nada les ayuda.

Y existe un tercer grupo, anti sistema éste, que ve todo con desconfianza y no cree en lo que dicen los dos anteriores. Ahí encontramos a un gran número de militantes de Morena e incluso personas de la sociedad civil que no tienen preferencia por ningún partido. Las tres fracciones muestran posiciones inamovibles.  Como vemos, se trata de una sociedad dividida en tercios, que no encuentran un punto en que confluyan las ideas, separadas por pertenencia a un grupo y sus ideales. Esta es la sociedad, en cierto punto, más democrática, que se tiene que gobernar ahora, lo que hace más compleja la labor y ocasionará, por lo mismo, cambios constantes en los mapas electorales. Esta división social nos ayuda en entender a la democracia moderna, la de incertidumbre, donde los partidos políticos no saben si van a ganar o perder. El primer domingo del próximo mes de junio veremos cómo esto se plasma en las elecciones municipales.