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Por: Pedro Peña Molina


Con el advenimiento de la transición política o la democracia en México - según sea el optimismo con el cual sea visto - , de la apertura comercial e ideológica y el avance tecnológico, la sociedad mexicana pasó en los últimos años de estar polarizada a la fragmentación. ¿A qué me refiero con esto?
Hasta la década de los noventas, los mexicanos compartían ciertas creencias que le otorgaban a la estructura social cierta solidez, como por ejemplo la religión y la ideología política de la resignación al gobierno de partido único como un fatal destino (pase lo que pase siempre ganará el PRI) lo que era alentado gracias a la difusión de la información por medios monopólicos. Esto permitía tener cierto control gubernamental sobre la opinión pública y las elecciones obviamente. Pero en sí la socialización de las noticias y los conocimientos en el día a día era homogéneo. Se hablaba en los centros de reunión de lo que se había dicho en el noticiero de Televisa o sus novelas según fueran los interés.
En la política iniciaba una relativa polarización con la presencia del Partido Acción Nacional, con el cual, legítimamente, se identificaron las clases medias y altas y después con el nacimiento PRD, las causas de los grupos de izquierda que hasta la fecha habían estado dispersos encontraron cierta unidad, sin embargo, los resultados electorales les otorgaban presencia más no triunfos importantes.
Hoy, tenemos a una sociedad mexicana muy diferente a la hasta aquí descrita, la apertura democrática y el avance en la tecnología provoca una gran variedad en los temas de interés y en su expresión. La mayoría coincidimos en los problemas que nos afectan y en que deben solucionarse no así en el camino para hacerlo. Sin contar en que muchos, aunque no se sienten conformes con la situación, lo expresan en las redes sociales pero no lo materializan en acciones como acudir a votar.
Así, de un país en donde el abstencionismo ronda el 60% y de éste, el ganador de una contienda electoral lo hace con alrededor del 30%, los gobiernos llegan con una muy baja legitimación debido al pobre consenso a su alrededor. En parte esta pluralidad partidista fue alentada desde el poder mismo como estrategia electoral a fin de dividir a la oposición y mantener su control, con menos legitimación pero con los mismos privilegios.
Esta situación afecta a todos partidos políticos por igual, ninguna produce una aprobación superior a 30% mínimo necesario para el triunfo electoral con las reglas que hoy tenemos. En nuestro país uno que logre el 50% de la votación no lo hay, por ejemplo el Presidente al igual que el Gobernador ganaron con aproximadamente el 30% lo cual dificulta sus actuaciones. No hay verdades absolutas o al menos que encuentren una aprobación más o menos generalizada.
Esto se verá reflejado en las próximas elecciones, nuestro sistema electoral pluripartidista alienta la fragmentación social, lo cual no es malo, pero requiere de los líderes políticos mayores consensos y de la sociedad misma una mayor tolerancia. Con esa realidad es con la que tenemos que aprender a vivir.