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 Por: Pedro Peña Molina

En nuestro país son millones de personas que tienen que conformarse con vivir con el salario mínimo y de esos, muchos son profesionistas que tuvieron que pasar cerca de cuatro años estudiando para obtener un título universitario. El pago no corresponde ni hace justicia a su labor y desempeño. Sin embargo, existen grupos de personas dentro del servicio público que gozan de privilegios desmesurados que resultan incongruentes con las actividades que realizan y con la realidad que el país vive. En los últimos años han causado gran revuelo los salarios que perciben una serie de funcionarios y servidores públicos como los Ministros de la Suprema Corte, el Gobernador del Banco de México, los Consejeros del Instituto Nacional Electoral, los diputados, los senadores o incluso el mismo Presidente de la República. Si bien lo anterior es cuestionable, más criticable es el hecho de que en Congreso del Estado de Veracruz existan personas cuyas actividades sean auxiliar contable, asistente o secretarias cuyo sueldo supere los cien mil pesos. Preciso, todos los trabajos u oficios lícitos merecen nuestro respeto, lo que se cuestiona es la incongruencia con lo que el mercado ofrece.

 

Es decir, es imposible encontrar en la iniciativa privada a personas que ocupen esos puestos con ingresos similares. Esto lo puede consultar y constatar cualquier ciudadano que ingrese al portal de transparencia del Congreso Local (http://www.legisver.gob.mx/Inicio.php?p=trnsp&ley=Est&art=15&frc=VIII&ap=PNT ), en específico a la sección de transparencia y ahí seleccione remuneraciones. Ahí encontrará a un asistente contable que gana $120,147.98 mensuales de salario bruto, un asistente con $118,218.84 y una secretaría $100,211.48. El documento hace la acotación de que se trata de servidores públicos de base, es decir, de los que llevan años trabajando ahí. Independientemente de su clasificación se trata de personas dedicadas al servicio público pagadas con recursos de las contribuciones de los veracruzanos. No puede ser que un Estado con tantas necesidades como el nuestro se dé el lujo de pagar salarios inmensamente mayores a los que los particulares lo hacen. ¿Quién o quiénes permitieron que esto pasara? Porque, por muchos méritos o cualidades que estas personas puedan tener no deja de ser irregular y de llamar la atención.


Como igual debe revisarse la declaración del diputado local por Veracruz Bingen Rementería cuando debatía en la tribuna con una legisladora de MORENA y lanzó el reto de donar cien mil pesos mensuales de su salario para alguna causa social. La afirmación que pareciera tener una finalidad loable resulta por demás perturbadora si tomamos en cuenta que su ingreso como servidor público es de cincuenta y ocho mil pesos. La rendición de cuentas no significa solamente que los entes públicos den informes periódicos de sus gastos y actividades, sino que sean eficientes respondiendo ante la ciudadanía por ello.